Lucas y su amor por el dinero

Este perrito podría ser millonario


 

Estrenamos corresponsal, es de Medellín, se llama Yenifer, es una joven periodista que creyó en esta locura periodística, Nos asegura que está en sus cabales, tranquilos…


Por: Yenifer EstraYeniferda.

Corresponsal, Medellín, Colombia.

Fanática de Rubén Blades.


 

Siempre he tenido mucho cariño por los animales, ya mis 14 años de edad pasaba con mi amigo David Galviz, por un almacén de Medellín, y en ese momento dirigí la mirada hacia un grupo de cachorros, que estaban en adopción. Había perros de diferentes razas, tamaños y colores, pero mi mirada se centró en  el  perrito más feo. Tenía las patas torcidas, ojos grandes, el pelo maltratado, estaba desnutrido y ni siquiera ladraba.

Al mirarme, sus ojos lo único que trasmitían era cariño, ternura y pesar, sufrimiento. Me acerqué a él detenidamente, lo observé y le dije a mi amigo que yo quería ese perro; él lo único que me respondió fue: “Yeni, usted verá pero ese perro está muy feo”.

No me importó su opinión,  e inmediatamente llamé a mi madre. Le dije que  viniera a firmar los papeles de la adopción del perro; ella fue  pero al verlo dijo: “Yo no me voy a llevar ese perro tan feo para mi casa”, y se fue.

Yo miraba la carita de ese perro y me daba tristeza.  Tenía 3 meses de nacido y hacía una semana lo habían encontrado en la calle. Estaba segura de que no podía dejarlo ahí. Entonces llamé a mi abuela y le dije  que viniera e hiciera los papeles de la adopción. Yo haría hasta lo imposible por llevarme ese perro. Finalmente ella hizo todos los papeles y nos dirigimos con el perro hacia mi casa.

Al llegar, la reacción de mi madre fue de resignación, y a mi papá no le causó gracia alguna.

Me dirigí a hospedarlo en mi cuarto. Lo llamé Lucas. Esa noche se enfermó mucho y parecía que era su ultimo día de vida. Le dio vomito, diarrea, fiebre, y aunque apenas había estado con el unas pocas horas ya lo sentía parte de mi.

Las lágrimas brotaban por mi cara, con un desespero inmenso por no saber qué hacer, mientras mi madre iba a la veterinaria a comprarle medicamentos. Afortunadamente la droga acompañada de unas compresas de agua fría le hizo muy buen efecto y se  recuperó.

Pero al pasar los días  le dio  sarna,  una enfermedad inflamatoria, que hace que el pelaje se vaya cayendo y quede un enrojecimiento,  desarrollando un mal olor en la piel. En ese tiempo tenia  a mi mamá hospitalizada era una época difícil y  no quedaba mucho tiempo para Lucas; era verdaderamente desesperante y  al llevarlo al veterinario, le hicieron un tratamiento  muy extenso, pero su mejoría  no se veía y su enfermedad  avanzaba día tras día,  sabía que si lo llevaba  de nuevo a una veterinaria lo sacrificarían.

Muchas personas me  decían que lo tirara a la calle porque su olor cada día era más fuerte, pero esa no era una solución para mi, que intentaba con todo pero nada funcionaba. Mi tía, al ver mi desesperación se consiguió un medicamentó de no sé dónde, fue muy efectivo y su vida nuevamente estaba fuera de peligro. Se curó Lucas.

Después de sus etapas enfermizas, Lucas empezó a tener una cierta particularidad. Como si el rastro de la enfermedad le hubiese dejado esa rara actitud.

Había una  tienda que quedaba  muy cerca de mi casa ,y un día en la tarde salí a comprar unos víveres y una moneda se me rodó, Lucas estaba en ese momento conmigo y salió detrás de la moneda, la cogió y la llevó de nuevo hasta la tienda, descargandola en mis pies. El señor de la tienda y yo nos quedamos realmente sorprendidos por esa acción. Desde ese momento descubrimos su “adicción” su amor, su pasión hacia el dinero y el delirio con las galletas.

Esa es la costumbre de Lucas, que hoy cuenta ya con cinco años de edad.  Cualquiera que entra a la casa, es olfateado en los bolsillos para que le de monedas o billetes, y así después dirigirse a la tienda y comprar galletas. Claro está que solo le entrega el dinero a alguien de la familia. Vivo sí es.

En ese tiempo que Lucas empezó con esto,  en Belén Aguas Frías, Medellín, había mucha violencia y la policía se mantenía al  frente de mi casa las 24 horas. Ellos empezaron a ver el perro y me ofrecían dinero, iban a mi casa a decir que lo querían para llevárselo para la policía, porque le veían la capacidad de entrenarlo para detectar antiexplosivos u olfatear personas, pero la verdad no iba a dar a mi perro por nada del mundo. Pero me sentí halagada, al igual que el pretencioso Lucas.

Un día me pregunté del porqué de esa particularidad de mi perrito. Decidí consultar con la doctora Juliana Calle, una médica veterinaria, especialista en el comportamiento de los animales. Ella explica: “Es el primer caso que he visto de un animal que aprendiera esas cosas sin un entrenamiento ni una motivación, puede existir una posibilidad de que cuando era callejero cogiera estas mañas”. Específicamente no logramos encontrar las causas de esta habilidad que desempeña,  lo único que  sí sabemos, es que cuando lo ven en la calle con un billete en la boca, sigue siendo una sensación. El perro que adora el dinero.

Su pelaje ha cambiado, su estado físico mejoró mucho y en la casa es el consentido, ya mi madre lo ama, mi papá lo acepta y es muy querido. Quizá veamos a Lucas Millonario de dinero en unos años, tal vez lo grabe en video y lo muestre en las redes, tal vez se vuelva viral. Lo cierto es que es millonario en amor y es muy afortunado. Lamentablemente no todos los perros de la calle tienen la oportunidad de tener un hogar digno, donde se les trate como un ser vivo importante.

Esta es una bella historia que  nace de la  adopción de  un animal, hoy te invito a que adoptes, afuera hay muchos animalitos desprotegidos esperando un hogar como el tuyo. Tener una mascota es construir una nueva historia.


Texto y foto: Yenifer Estrada. Corresponsal Medellín


 

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