Memorias de un cabimero| El rebelde Arturito Romero

Memorias de un cabimero| El rebelde Arturito Romero

Quizá el primer revolucionario de Cabimas, Arturito, se reveló contra las petroleras que robaron las tierras en los inicios del siglo 20.

Memorias de un Cabimero. Por: Eudomario Castillo Clavel.

Arturo Romero se había criado en casa de su tía Eufemia Romero Romero de Casillo (mi abuela paterna), en Cabimas, donde aprendió a leer, escribir y de los oficios conocidos de esa época: cómo manejar el hacha, beneficiar una res, cuidar un gallo, también conocer de las armas de fuego.

Su tío político, Jesús Mario Castillo (mi abuelo paterno), había enseñado a sus hijos el arte de armero y el mayor, Miguel, era un experto con el revólver. Donde ponía el ojo ponía la bala, así que Arturito, como se le decía por cariño, desde niño conocía el manejo de las armas y también era un experto tirador.

Cuando él sale huyendo el día de la muerte de su papá Aniceto Romero Romero, va a esconderse en los montes de Santa Rita, en fundos de los familiares Romero Páez, estos le prometen ayuda para sacar por la fuerza a las compañías de Cabimas. Esto era ir contra el gobierno y este tenía fuerza en la zona, por lo tanto no era fácil, había que madurar un plan que diera resultado, esa espera aplaca al joven Arturito.

Lamentablemente Arturito es absorbido por el ambiente. Cuando su familia es sacada del hato La Rosa, esta se muda a la segunda calle del pueblo La Rosa, hoy calle Porvenir. Poco a poco esta casa se ve rodeada de botiquines hasta convertir los alrededores en zona de tolerancia. Como estos botiquines eran administrados por andinos y visitadas por hombres entre los que figuraban verdugos del gobierno, Arturito se hacía presente y más de una vez tuvo desafíos que se convertían en lance (duelo) donde siempre salía airoso, sumando así más de una docena de muertos y heridos. Esta situación lo pone al margen de la ley, pero con el apoyo del pueblo de La Rosa.

En el año 1935, muerto Gómez, Arturito se hace de un grupo de hombres armados y se adueña del pueblo de La Rosa, en donde tuvo varios enfrentamientos con la policía. En esa época la policía ya había sido dotada de vehículos, los cuales eran camionetas tipo Pick Up. El pueblo a una de estas camionetas le daban el nombre de “la rojita” por el color que tenía. Esta rojita regresaba casi siempre llena de agujeros y heridos a la prefectura. El jefe civil en más de una ocasión mandaba a despejar la plaza y sus aledaños a fuerza de plan de machete y acuartelada la policía.

Cuando es creada la Guardia Nacional, Arturito sin enfrentarse, huye hacia los montes de Quisiro buscando las familias Romero de esas regiones. Solamente regresaba de incognito en las fiestas de San Benito, por costumbre todos los años al ir el santo bien el 27 de diciembre o el 1 de enero a La Rosa. Su casa era visitada por el santo y permanecía por horas en el patio para que Arturito cumpliera sus promesas y participara de las fiestas.

Todas estas cosas y el cambio de presidente de la República le dan confianza y Arturito regresa de nuevo a La Rosa, lo hace con mujer e hijos. Al visitar de nuevo los botiquines tiene un problema con un marino arubeño a quien apodaban “Buchito” que lo había dejado el barco petrolero y se estaba expresando de Venezuela y los venezolanos en forma despectiva.

Arturito, al llamarle la atención es atacado a puñetazos, por el marino el cual lo derriba. El botiquinero le advierte al Buchito que no sabe a quién le ha pegado y que es mejor que se vaya. El marino en vez de huir toma una silla de hierro y quiere rematarlo. Arturito desde el suelo saca un revolver y dispara acertándole en todo el ombligo. Arturito se levanta y huye, el herido es llevado al dispensario, llamado así a la clínica de la compañía, esta quedaba en La Salina, en donde muere.

Arturito en su huida llega hasta R-10 donde en una casa vacía y en ruinas, manda a llamar a su compadre Cedillo, el cual era comisario del barrio. Arturito pensaba entregarse, había huido del sitio de los acontecimientos por precaución, ya que las autoridades civiles, conocían de su presencia en La Rosa y podían disparar primero y preguntar después, aunque eran otros tiempos, pero las condiciones en la zona petrolera seguían iguales, mucho celo del gobierno para todo lo que ver con las petroleras y el muerto era responsabilidad de ellas.

Cedillo llega a la casa en ruinas en el preciso momento que se hace presente la comisión de Cabimas, la cual no había tenido contacto con él. Arturito al ver a su compadre sale del escondite, los policías nerviosos componentes de la comisión disparan, hiriéndolo de cinco plomazos, uno de ellos en la cara cerca del pómulo izquierdo. Como se ve fue un blanco fácil, como especie de fusilamiento, ordenado por el jefe civil.

Todos los disparos fueron hechos para matar. Su compadre Cedillo evita que le den el tiro de gracia. Mal herido es llevado al Hospital de Cabimas, donde fue operado por el Doctor López Rivas, en forma exitosa, logrando sobrevivir.

En su recuperación muchos hombres, militares y gobernantes lo visitaron y le prometieron ayuda en el caso del delito cometido y lo referente a las propiedades de los Romero-Romero. A partir de estos hechos Arturito no se vio mas involucrado en actos de violencia.

La promesa de los militares se hizo efectiva, referente a lo del monte, en parte favorable al mismo Arturito, pero este quería rescatar todas las propiedades de la sucesión Romero-Villasmil, para hacer justicia a todos los herederos que por derecho legal les correspondía. Bien andadas estaban las cosas en el gobierno de Medina Angarita cuando este es tumbado el 18 de octubre de 1945, todo se archiva hasta la llegada de Pérez Jiménez, donde de nuevo inicia Arturito el movimiento legal de la sucesión Romero-Villasmil.

En principio la cosa iba sobre ruedas, pero de pronto todo se trancó, la causa: el ministro de hacienda, quien era natural de Los Puertos de Altagracia, el cual tenía un fundo en los terrenos de la sucesión y se tranzó con los abogados de las compañías, así que el asunto volvió a como estaba cuando Gómez. A la caída de Pérez Jiménez ya en democracia, todo intento de arreglo salía fallido, bien porque los abogados de la sucesión se cansaban y dejaban a medio andar, o porque no le veían interés a los miembros de la sucesión.

La mayoría de la tercera generación no quiso seguir acompañando la idea de recuperar la herencia de los Romero-Villasmil, aunque particularmente pienso que fue más por falta de dinero que por desinterés. Arturito viejo y enfermo, llama a mi hermano mayor Arquímedes y en presencia de mi otro hermano Juvenal y de mi persona, le hace entrega de todo el trabajo por el realizado, referente a la herencia de la sucesión Romero Villasmil y la de los Romero-Romero, pidiéndole que continúe hasta lograrlo.

Arturito muere por muerte natural, en Cabimas en la Urbanización Las 40 en el año 1982…DEFENDIENDO hasta sus últimos días el DERECHO del cual fuimos despojados por la llegada de las petroleras, los herederos de la sucesión Romero-Villasmil y yo diría que muchos otros cabimeros.

Selección del libro Memorias de un Cabimero, de Eudomario Castillo Clavel.

Edición: Marianela Castillo, Rafael Sulbarán Castillo.

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