Memorias de un cabimero|Crimen en la casa de tejas

Memorias de un cabimero|Crimen en la casa de tejas

Este podría ser el primer suceso de esta naturaleza registrado en Venezuela. Una prominente familia vio cegada su vida en un hecho que dividió en dos la historia de Cabimas.

Memorias de un cabimero. Eudomario Castillo Clavel.

Comenzamos esta serie de publicaciones haciendo una selección del libro «Memorias de un cabimero», de Eudomario Castillo Clavel. La obra editada en 1994, muestra el nacimiento de la Ciudad de Cabimas, ciudad del occidente venezolano en el estado Zulia, con su pasado agrícola y el cambio que generó el descubrimiento del petróleo. Eudomario también presenta parte de su historia familiar y la vida de los personajes de otrora de esta localidad que se convirtió en un importante puerto petrolero, quizá el más rico del país.

Haremos una selección presentando textos resaltantes, previo a la publicación de una nueva edición del libro en forma digital.

Cabimas sin horizonte

Corría el año 1884 cuando por primera vez nombran las autoridades civiles y judiciales para Cabimas. Estas personas provienen del pueblo de Santa Rita. Acoto que a este pueblo los cabimeros lo llamamos «La Rita». Estas autoridades pronto tendrían un caso que a mi juicio dividió a Cabimas en el antes y en el después.

Conocido como «el crimen de la casa de tejas», este quíntuple homicidio, como ya mencioné, dividió a Cabimas en el antes y en el después, no solo por el horrendo asesinato ahí ocurrido, sino porque cambió por completo el porvenir de los herederos de la sucesión Romero Villasmil (entre los fundadores de Cabimas). Por esta razón les relataré lo sucedido:

Eran como las nueve de la noche, de uno de esos días lluviosos y oscuros por la negrura de la misma noche. Tocaron a la puerta principal de la casa de tejas donde Benito Romero Villasmil junto con su mujer y sus tres hijos acompañado de una joven de dieciséis años que le servía de nana, se disponían a dormir. Juana Villasmil, la mamá de Benito, estaba en Maracaibo. Al oír el toque de la puerta, la joven corrió a abrir, a pesar del grito de alerta que dio Benito desde su cuarto, de que no lo hiciera. Pero ya era tarde, la puerta fue abierta y penetraron como bólidos cuatro hombres y al primero que atacaron fue a Benito. Este se había levantado y había corrido a buscar el arma que tenía en el escaparate, pero fue dominado con una llave quebradora, el fusil en la garganta y la rodilla en la espalda, rompiéndole el cuello.

La mujer con dos de sus hijos salió al patio y corrió hasta la cerca sur donde los vecinos de apellido Nava, quizás por la lluvia o que ya estuvieran dormidos, no la oyeron, pero los asesinos sí, especialmente el llanto del niño de pecho que llevaba en sus brazos. Le dieron alcance y ahí mismo pasaron el cuchillo a la madre y a los dos hijos. Después de registrar la casa y voltear todo buscando lo que ellos querían y no encontrando nada, empezaron a hablar en voz alta y con groserías, decían:

¿Dónde está el muchacho? el mayor, Pedro el catirito, como que se lo tragó la tierra-, uno de ellos dijo.

No lo busquemos más, puede ser que esté con su abuela en Maracaibo.- respondió otro.

La joven nana fue violada y muerta con arma blanca.

Foto antigua de las cercanías de la Plaza Bolívar, Cabimas. (Cortesía Unermb).

Los criminales estaban muy tomados y por su borrachera, para eliminar los cadáveres los embarcaron en una canoa y los llevaron lago afuera donde después de anclarla la enfondaron para que se hundiera. Hecho todo esto regresaron por la misma playa.

Pedro Borjas, el hijo mayor de Benito, el que tanto buscaron, los observaba desde el techo de su casa, donde se había subido sin ser visto, pasando allí toda la noche. Al regresar los criminales la mañana después de haber hundido la canoa, este los vio cuando pasaban y salían del patio de su casa. Todo nervioso bajó del techo y se internó en el monte. Ese mismo día los peones que laboraban en la casa de tejas, vieron los rastros de sangre, la falta de una canoa y la puerta abierta de la casa. Entonces fueron y avisaron al jefe civil, este con los policías y el juez que en ese entonces era Jesús María Castillo, (quien es mi abuelo paterno), empezaron a inspeccionar toda el área sin conseguir a ninguno de los miembros de la familia que habitaba la casa de tejas.

Pedro, acosado por el hambre, regresa del monte a los tres días a casa de sus tías, llamando al juez Jesús María Castillo y Pedro que en ese entonces cuenta con tan solo doce años, le relata con lujo de detalles todo lo que vio y le dijo quiénes eran, porque la noche de lo sucedido, hablaron en voz alta y él los había reconocido y comprobado cuando los vio en ese amanecer.

Tomando las medidas del caso, el juez puso en confesión al policía que no había nombrado Pedro y puesto de acuerdo luego con este, arrestaron al jefe civil y tres de sus policías. Lo que buscaban para robar era el dinero que supuestamente tenían, pero todo estaba depositado en los bancos de Maracaibo. En su defensa, alegaban que la muerte súbita que había tenido Benito, los enloqueció y por eso no sabían lo que habían hecho.

El local de la policía estaba construido de palma de coco, tanto techo como paredes. Esa noche, primera de su detención, fue incendiada por una poblada enardecida por el crimen cometido. El juez Jesús María, teniendo el soplo de lo que pretendían hacer, optó por sacarlos secretamente esa misma noche y juntos viajaron hacia Maracaibo donde se les hizo juicio y pagaron condena máxima, todos cuatro. Los cadáveres de la familia asesinada, fueron rescatados al romperse el anclaje y flotar la canoa con su carga macabra, esta fue a vararse en los manglares de la zona de Tasajeras como a la semana de haberse cometido el crimen.

Tras el terrible asesinato de Benito Romero Villasmil y su familia, Cabimas quedó como potro castrado y sin horizonte, solamente la llegada de las petroleras acabó con este recuerdo. Por la desaparición física de Benito la administración de la sucesión Romero Villasmil quedó en manos de los yernos de Juana aunque ella continuaba guiando a sus hijos y nietos.

Nota: Actualmente «la casa de tejas» es el edificio donde funciona el Ministerio del Trabajo, en plena Avenida Principal del centro de Cabimas.

Selección del libro Memorias de un Cabimero, de Eudomario Castillo Clavel.

Edición: Marianela Castillo, Rafael David Sulbarán.

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