La última carrera de José Alejandro, ¿disciplina militar o asesinato?

Muerte luego de una «mierdera»


José Alejandro Leal Huerta deseaba ser un Guardia Nacional y 48 horas después de alistarse perdió la vida luego de una jornada extenuante de ejercicios. Los familiares denuncian maltrato y mala praxis por parte de los médicos que lo atendieron. En el Liceo Militar Rafael Urdaneta de Cabimas el trato con los nuevos ingresos parece ir más allá de la rigurosidad militar


Por: Rafael David Sulbarán. Periodista.

Alguna vez comió mayonesa. También bebió cerveza


 

Recorre las bases. Sale del home luego de dar un batazo, va por primera, dobla hasta segunda. Cantos, aplausos y gritos de emoción y de dolor lo acompañan, pisa la tercera rodeado de recuerdos, de esas tardes de softbol, de esos deseos de formar una familia, de ese sueño de alistarse como militar. Llegó al home, anotó la carrera, pero no fue una anotación habitual, fue la última carrera de su vida en el homenaje que le realizaron en su funeral.

A José Alejandro Leal Huerta le decían “calvo” porque desde chiquito siempre fue pelón. “Era un gran fanático del béisbol y el softbol, jugaba como en tres o cuatro equipos con sus amigos, pero siempre quiso ser un Guardia Nacional”. Esto lo cuenta su madre, Neralia Huerta, en medio de la sala donde fue velado. José Alejandro llegó el domingo 14 de agosto de 2016 al Liceo Militar General Rafael Urdaneta en Cabimas con el anhelo de hacer vida en la milicia. Luego de superar una serie de pruebas físicas, finalmente fue aceptado.

En esas primeras horas el joven realizó las actividades rutinarias de todo aspirante, fue recibido junto a 159 alumnos comandados por el teniente José Gabriel González Paz. A las 8:00 de la mañana del lunes, Calvo llamó a su casa para reportarse. “Me dijo que se estaba alistando para los actos de la bandera y que el día anterior habían organizado el sitio donde guardarían sus cosas, sus pertenencias. Luego le pasé a la novia, hablaron un rato. A ella le comentó que lo habían mandado a trotar por cuatro horas, quizá no me lo dijo a mí para que no me preocupara, pero a ella le dijo que se sentía bien y ya. Luego no nos volvió a llamar”, recordó Neralia.

En los Juegos Olímpicos de Río de Janeiro, en la prueba culminante del atletismo, el maratón, Federico Bruno hizo un esfuerzo sobrehumano: el argentino combatió contra la humedad y el calor de la ciudad brasilera y arribó en el puesto 137 con un calambre y medio desmayado en un tiempo de 2 horas y 40 minutos. Ese domingo el Calvo trotó, bajo condiciones similares, casi el doble del tiempo que el ganador de la prueba de maratón en Río, el keniano Eliud Kipchoe (2:08:44).

“Tienes que ser un atleta de alta competencia para aguantar eso”, comentó su hermana Yhonseini Leal, de 25 años. “Eso es inhumano, ¿cómo lo van a poner a trotar por cuatro horas? Eso nada más se ve allí, es una total locura, por eso estos muchachos salen corriendo de allí”, cuestionaba.

Luego de esa última llamada telefónica del lunes los Leal Huerta no supieron más del Calvo sino hasta las 7:00 de la mañana del martes. A su hermano, que también se llama José, le comunicaron que tuvo un desmayo y que había sido trasladado a un Centro de Diagnóstico Integral (CDI), ubicado en el sector Punta Gorda de Cabimas.

“Nosotros salimos disparados para allá, cuando llegamos y lo vimos supimos que no estaba bien”, contó su padre, José Leal, quien mientras atendía su negocio, un centro de apuestas en su propia casa, nos respondía.

El primer teniente Ricelo Rodríguez, amigo de la casa y quien fue el “protector” durante su pasantía en el cuartel, informó que en esas primeras del martes 16 de agosto, José Alejandro fue a trotar hacia la planta de hielo de Punta Gorda, 5 kilómetros aproximadamente. El conjunto dividido en grupos de cuatro, realizó una sesión de flexiones, en la segunda o tercera repetición, José Alejandro se quedó, no pudo más.

“Supimos que se había alterado al recibir el regaño de González al ver que no continuaba el ejercicio, él le gritaba: ‘¿Te vas de baja, te vas de baja?’ Y el Calvo respondía sí, sí, me voy de baja”, relataba su mamá sentada en el mueble negro de esa acogedora sala de la casa en el sector 5 de Los Laureles, una barriada muy popular de Cabimas. Enseguida José Alejandro fue hasta la oficina de Ricelo Rodríguez, es allí donde cae desmayado el joven de 20 años.

Lucha en el hospital

“Lo peor en el hospital fue la atención médica. Nunca le tomaron la tensión. Pareciera como si ellos en vez de ayudar, hubiesen querido acabar con la vida de mi hijo”, contó su madre Neralia con una voz de frustración e indignación. José Alejandro fue trasladado hasta el hospital de Cabimas Doctor Adolfo D´ Empaire, llegó con la tensión baja y diarrea. Allí fue recibido por la doctora Marriel Bastidas Pérez.

“Ella nunca nos dijo cuál era el diagnóstico de mi hermano, solo nos decía que estaba mal, pero que lo mantendrían sedado y bajo control”, expresó Yhonseini. José Alejandro estaba consciente, incluso podía hablar, “y cada vez que se acercaba un militar se desesperaba, gritaba y decía que lo sacaran”, explicó Charrimar Esparza, la novia del Calvo, a quien no le hicieron examen de orina, solo una placa de rayos X. Esta imagen la llevaron a un centro privado para consultar a una neurocirujana, también le extrajeron sangre para determinar el nivel de los electrolitos, es decir, el sodio, potasio y cloro en el organismo, responsables de la deshidratación del Calvo.

A las tres de la tarde llegó la fiebre, bien alta, a 45 grados. “Nadie le paraba, yo les dije que tenía una fiebre bien altísima y no me prestaban atención, yo era la que le pasaba trapitos y logré atenderle la fiebre”, dijo su novia Charrimar. También le controlaron la diarrea.

“Lo mantenían sedado. La mayoría del tiempo estuvo dormido, a pesar de que la doctora que consultamos nos recomendó que no lo durmieran, que lo mantuvieran despierto para evaluar su evolución, pero esa mujer no nos hacía caso, además ninguna de las medicinas que le recetó la neurocirujana las usó”, se quejaba Neralia.

Empezaba a caer la noche y le mandaron a tomar Breinox. “Un medicamento que luego supimos que se usaba para tratar a los epilépticos”, mencionó Neralia. A partir de ese momento la situación del Calvo empeoró, no volvió a hablar, por momentos su cara se tornaba morada, había entrado en crisis.

Luego llegó el momento de trasladarlo a la sala de trauma shock. Allí les advirtieron que si no era intubado el Calvo perdería la vida. “Autorizamos entonces que lo intubaran y nos sacaron a todos de la sala esa, donde murieron seis personas ese día, yo estaba muy aterrada. Pasó un corto tiempo, dijeron que ya lo habían intubado. A los cinco minutos salieron y dijeron que mi hijo había muerto”. Así, de un segundo a otro, José Alejandro falleció cerca de las 10:00 de la noche. Se acabó el sueño.

“Mierdera”

“Siempre se ha sabido que ocurre, pero nadie hace nada, es como algo normal pues, allí en la escuela militar siempre pasa, o lo aguantas o te vas”, pronunció Luis Rodríguez, ex alumno del liceo Militar Rafael Urdaneta de donde egresó hace dos años. “Lo normal que hacen, te ponen a hacer ejercicios por horas, al otro día no puedes caminar por los calambres, junto a esto la presión psicológica que te dan ganas de golpear al que está comandando. Pero es cuestión de costumbre, es una cosa de que ya luego te adaptas, lo que debes ser es obediente y no meterte en problemas, pero a veces por uno pagan todos”, confesó Rodríguez.

A este acto de disciplina le dan el nombre de “mierdera”, y Luis se atrevió a definirlo: “Maldad realizada por un superior a su subalterno, acto en el cual el superior por puro placer ordena realizar ejercicios que se dan en la vida militar (serrucho, paracaídas, tobilloto, pernía, sentadilla, huerta carnero, entre otros) simplemente para que se quede allí sufriendo y conociendo quién es el que manda”.

Esto es una ley tácita dentro de la disciplina militar que tiene años, pero definitivamente hay una línea entre las normas y el abuso. “Muchos cometen abusos, en mi caso yo me portaba bien, por supuesto sí hice mis cosas así como me las hicieron, pero observé maldades extremas como ponerlos a correr descalzos en pleno sol o quedarse allí en plantón sin agua toda una tarde, y eso es algo mínimo de lo que se puede ver”, reseñó Luis.

El caso

Las autoridades militares no han emitido un pronunciamiento oficial en del caso. El equipo de El Pitazo y Pluma Volátil intentó conversar con el coronel Francisco Arroyo, director del Liceo Militar Rafael Urdaneta de Cabimas, pero no se encontraba en la ciudad. El segundo al mando indicó que estaba muy ocupado cuando se realizó la visita. Indicaron concertar una cita. Se les dejó el contacto telefónico, pero aún no se ha recibido respuesta.

Reportes de prensa en el Zulia publicaron que en circunstancias extrañas un joven aspirante a Sargento Segundo, murió 48 horas después de ingresar a la academia militar. Sin embargo, trascendió que la versión que manejan en el liceo militar es que José Alejandro sufrió un accidente y que recibió un golpe en su cabeza que le produjo un coágulo.

Los familiares del Calvo aseguran que siete u ocho jóvenes más, están seriamente afectados, no tanto como José, pero informan que sufrieron golpes y maltratos. La muerte del Calvo los obligó a dar de baja a varios y a otros los mandaron a sus casas momentáneamente. Hasta el momento, esta información no ha sido comprobada.

A través de la red social Facebook, se conoció el caso de un joven llamado Adonay Ocando, quien presuntamente recibió una golpiza que le afectó sus riñones, lo internaron y recibe tratamiento de diálisis. El joven de 19 años colgó una imagen en cuenta de Facebook, en la que aparece él con médicos del hospital militar y un comentario que dice: “Gracias a esas personas pusieron su granito de arena ¡para poder ayudarme! Se les quiere, ya poco a poco saliendo de esto, ¡gracias a Dios!”.
capture-alejandro-miitar

 

La necropsia está aún en manos de las autoridades. El acta de defunción a la cual tuvo acceso El Pitazo y Pluma Volátil indica que José Huerta falleció por un edema cerebral severo (inflamación y acumulación de líquido). El examen de sangre que le practicaron para determinar electrolitos, reveló que hubo una descompensación y que los niveles de sodio y de potasio eran irregulares así como el cloro.

Su madre Neralia está convencida de que a su hijo lo mataron y que hubo una firme intención de ocultar lo que ocurre allá (liceo militar de Cabimas). “A mi hijo le dieron un golpe en la cabeza y lo maltrataron, luego cuando vieron que estaba grave lo dejaron morir para que no soltara la lengua del desastre que se vive allí”. Para Neralia dos factores fueron determinantes para que su hijo muriera: primero, el maltrato en la escuela; y segundo la mala praxis médica, la omisión o la desatención de los médicos.

Según lo comunicado por la familia Leal Huerta, los doctores nunca le dieron un diagnóstico real del cuadro de José Alejandro, además observaron a la doctora Marriel Bastidas, en actitud sospechosa con los efectivos militares y agentes de la Dirección General de Contrainteligencia Militar (Dgcim) quienes se acercaron hasta el hospital.

“Ellos quisieron que firmáramos la baja antes de que muriera, para ellos zafarse del problema. ¿Cómo sabían ellos que mi hijo estaba tan mal y que iba a morir? Nosotros no firmamos nada, no les dimos el gusto”, expresó José padre, convencido de que su hijo fue asesinado, “a él le hicieron tomar esa pastilla (Breinox) y luego de eso empeoró su situación, nunca lo intubaron. O le inyectaron algo, o esa pastilla lo terminó de matar”, agregó.

El Breinox es un medicamento para estimular el cerebro, es un activador metabólico cerebral utilizado en tratamientos para convulsiones. José Alejandro presentaba ese cuadro y la tomografía revelaba un edema en su cerebro. ¿Pudo haber influido esto en su deceso?

Sus familiares aseguran que él llegó con un excelente estado físico a la academia, “¿tú crees que estando enfermo lo hubiesen aceptado?”, dijo su hermano José. Para ingresar al colegio cada aspirante debe pasar los exámenes físicos. José Alejandro los pasó sin problemas. Las evidencias de ese buen estado físico pueden observarse en los papeles que están en poder del liceo militar, los cuales deben ser entregados a sus familiares. El Pitazo intentó obtener una copia, pero Neralia comunicó que de manera inexplicable esos papeles se los llevaron para Caracas, según le informaron en la escuela.

“Un edema cerebral no aparece así por así, pudo haber sido causado por un golpe, algún movimiento brusco, por un empujón o por el llamado efecto látigo, eso puede causar un edema, que repito no aparece solo, al menos que haya una infección severa como la meningitis”, indicó la neurocirujana quien prefirió no identificarse y que revisó el caso de José Alejandro, por petición de la familia Huerta Leal, fuera del hospital. “Mi apreciación fue que hubo un traumatismo, él presentaba una hemorragia subaracnoidea, que tal vez fue causada por un golpe o por algún movimiento irregular”, acotó la doctora.

Una hemorragia subaracnoidea deja sangre en el cerebro donde normalmente circula líquido cefaloraquideo, esto pudo causar el comportamiento erróneo y agresivo de José Alejandro y en consecuencia la descompensación con la diarrea y la fiebre.

El equipo de El Pitazo y Pluma Volátil se trasladó a la sede municipal del Cuerpo de Investigaciones Científicas, Penales y Criminalísticas (Cicpc), para obtener información de la necropsia pero no hubo respuesta. Del Cicpc sugirieron ir a la oficina del Ministerio Público (MP). El Pitazo se trasladó al MP y una vez en el lugar constató que el caso, a pesar de que la familia hizo la denuncia a través de la fiscalía número 7, tiene poco avance porque no han recibido nada de información por parte del Cicpc. Nada, a pesar de que ya transcurrió un mes de la última carrera de José Alejandro.


Texto publicado el 25 de septiembre de 2016 en alianza con El Pitazo.

Enlace original


 

Deja un comentario

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.